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El diario de Natalia (Oct/2009 - Feb/2013): Capítulo 21

Como era de esperar, a pesar de la excitante y sensual experiencia de aquel sábado invernal, mi relación con Edu no cambió absolutamente nada. Los días siguientes, empezando por el mismo domingo, su actitud fue de indiferencia como si nada hubiese pasado. Aunque no le podía culpar, pues yo seguí siendo un témpano de hielo de frialdad, indiferencia y borderia con él. Cómo me gustaba eso. Ser tan sociable, simpática y guay con todo el mundo, mientras a él le demostraba un evidente desinterés.

Los primeros días, tras lo de aquel sábado, no me costó nada mostrarme así. Es más, lo disfruté, sé que mi comportamiento maquiavélico era algo cruel, pero si el no mostraba públicamente interés por mí ¿por qué iba a hacerlo yo? El problema, es que al cabo de un tiempo empecé a cansarme de este juego absurdo, y quise volver a experimentar la dependencia que sentía por mí cuando no sabía que yo me enteraba. Pero ¿cómo? No iba a organizar una nueva fiesta y volver a hacerme la dormida, eso rozaría muchísimo el absurdo y la inverosimilitud de la situación. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo planificarlo?

Finalmente unas tres semanas después el destino me brindó una oportunidad. Habíamos hecho un botellón genial donde todos de la pandilla bebimos mucho y disfrutamos cantidad, fue una noche demencial de mucha juerga, bailes y risas. A lo largo de la noche, alentada seguramente por todo lo que había bebido, decidí llevar a cabo una rocambolesca idea: dejaría que Edu se fuese para casa por el camino de siempre, y mientras yo daría un rodeo por toda clase de calles y callejuelas para encontrarme espontáneamente con él por sorpresa en un punto concreto. Y a partir de ese momento, dada la espontaneidad y casualidad de dicho encuentro, hacerme la muy borracha a ver cómo reaccionaba él.

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